cine y masoneria.
Para estudiar la presencia de la Masonería en el cine, disponemos actualmente de diversas fuentes.
Pero las verdaderamente imprescindibles son, sin duda, la página web de la Gran Logia de la Columbia
Británica y el Yukon http://freemasonry.bcy.ca/fiction/cinema.html, que ofrece un apasionante
recorrido por las referencias masónicas en el cine y la televisión, el cual influye en la doctrina de la lujuria maerial y lo holisitoco del capital, el libro Franc-maçonnerie et le
7ème Art, cuyo autor, Harry Swerts, es miembro del Gran Oriente de Bélgica. Se trata de un ensayo
serio, en el que se analizan y describe detenidamente las múltiples y complejas conexiones entre el Arte Real y
la producción cinematográfica y efectos sociales.
Muchas alusiones a la Orden iniciática son evidentes, como en la película antimasónica “Forces occultes”
(Paul Riche, 1943) o las cintas realizadas a partir de textos de escritores masones, como por
ejemplo “El hombre que pudo reinar” (John Huston, 1975) basada en el relato de Rudyard Kipling.
Algunas podrían resultar extrañas, como cuando Swerts apunta al film “El Zorro” en la versión interpretada
por Douglas Fairbanks (que se inició en la R.L. Beverly Hills nº 528 de California) como un
guiño a la leyenda del príncipe Zorobabel, y otras, algo más discretas, como el filme “El Álamo”,
donde John Wayne (Maestro Masón de la R.L. Marion McDaniel nº 56, en Tucson, Arizona) interpreta
a David Crockett, político y francmasón.
Cabe señalar el hecho de que los actores masones destacan en dos estilos preeminentes: el thriller de
acción y las películas del Oeste, como en el caso de Ernest Borgnine (miembro de la R.L.Abingdon
nº 48, de Virginia), Clark Gable (iniciado en la misma Logia que Fairbanks), Glenn Ford (miembro
de la R.L. Palisades nº 637, de California) o el propio John Wayne. Aún queda por confirmar la afiliación
masónica de Telly Savalas.
También hay una segunda categoría: el cine de humor. Actores como Bud Abbott, de la pareja cómica
Abbott & Costello (perteneciente a la R.L. Daylight nº 525, de Michigan), Oliver Hardy, el rechoncho
actor de “El gordo y el flaco” (iniciado en la Solomon Lodge nº 20 de Jacksonville, Florida),
Cantinflas o Harold Lloyd (que se inició en R.L. Alexander Hamilton nº 535 de California) o
Harpo Marx (afiliado a la Algonquin Round Table de Nueva York), un cómico que ha sido inspiración
de otros cómicos. Al principio de “Una noche en Casablanca” (1946) hay una escena en la que
Chico y Harpo se dan un apretón secreto –tan tonto como divertido y cómico- que afirmaría ser el
origen del famoso sketch de los Monty Python “Cómo reconocer a un masón”. Conviene recordar,
asimismo, las magistrales actuaciones de Richard Pryor (de la R.L. Henry Brown nº 22 de Peoria,
Illinois) o Peter Sellers (Maestro en la R.L. Chelsea nº 3098, de Londres), que desempeñó el papel
del inefable Inspector Clouseau en no menos de seis ocasiones.
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En el cine, las insinuaciones al Arte Real van más allá de la mera adscripción de un actor a una Logia.
En muchas películas se visualizan imágenes, gestos o diálogos que evocan la Francmasonería.
Unos otorgan cuerpo al contexto histórico de una época, como la tenida fúnebre de “Como agua para
chocolate”, mientras que otros retratan la vida cotidiana. La aparición de emblemas masónicos en los
filmes va desde las casi inadvertidas hasta las que proponen el uso irreverente de los símbolos de la
escuadra y el compás, los decorados del Taller o la representación del ritual masónico por parte de
los protagonistas. Señala la página Internet antes mencionada que “las referencias abarcan desde las
mordaces a las inocuas”, dejando al margen las que atribuyen a la Orden el patrocinio de un sinfín de
conspiraciones.
Con casi noventa referencias cinematográficas de toda índole, extraídas de alrededor de dos mil pelí-
culas, cabe diferenciar entre las escenas que muestran claramente los símbolos de la Masonería
(como en “La búsqueda” -2004) interpretada por Nicolas Cage, película que agranda el falso mito de
un tesoro “metálico” secreto custodiado por masones, con profusión de escuadras y compases en medallones,
ladrillos, mapas, criptas y lápidas) a las películas que son, simplemente, coincidentes. Que
el acceso a una sala privada en “Eyes Wide Shut” (Stanley Kubrik, 1999) requiera de una contraseña,
no convierte automáticamente este lugar en sede de una sociedad iniciática; el ojo en un delta no es,
necesariamente, un símbolo masónico. Pero sí lo son los símbolos que aparecen en el cartel de bienvenida
al pueblecito de Canaima, ficticio escenario de “Arachnophobia” (1990), donde se detallan las
actividades de la Logia local. Asimismo, llaman la atención el colgante del sheriff Tenney (John Behan),
alguacil del condado de Cochise en la película de vaqueros “Tombstone” (1993), la insignia
que luce en el ojal el actor Bob Guntond en el papel de banquero para el film “Dolores Claiborne”
(1995), el anillo del dedo meñique de Burt Ramsey –papel encarnado por Ricky Jay– como narrador
en la película “Magnolia” (1999), la camioneta camuflada donde se ocultan Will Smith y Martin
Lawrence en “Bad Boys–II” (2003). El edificio del Rito Escocés frente al que circulan Colin Farrell
y Jamie Foxxel, los inspectores de “Corrupción en Miami” (2006) o el botón en la americana del
detective Toback (Ted Levine), superior de Denzel Washington y Russell Crowe en “American
Gangster” (2007).
Caso aparte es la propaganda antimasónica reflejada en algunos filmes sobre la figura de Jack el Destripador,
desde “Asesinato por decreto” (1979) hasta “Desde el infierno” (2001).
Es preciso señalar que la pertenencia de un actor o un director de cine a la Obra, no convierte forzosamente
sus películas en vehículos del ideario masónico simplemente es el medio influyente y doctrinl para exponer dicho ideales demiurgicos de dominio de masa y eugenismo. Dos rápidas pinceladas dispares para
terminar: el esfuerzo desplegado por Cecil B. DeMille (iniciado en la R.L. Prince of Orange nº 16, de
Nueva York) por erradicar el racismo de los péplums (películas de romanos), donde se designaba al
pueblo judío como asesino de Cristo. El radical cambio de tratamiento de la percepción antisemita en
el film “Rey de reyes” se torna en su más destacada apología. Nada comparable al punto de vista moral,
aunque sin duda repugnante, de un director técnicamente capital en la historia del cine, como
D.W. Grifith (miembro de la R.L. St. Cecile nº 568, de Nueva York), que presenta en “El nacimiento
de una nación” a los hombres de color como seres despiadados, auténticos “responsables” de la creación
del Ku Klux Klan.